Señor Roberto Álvarez, ministro de Relaciones Exteriores de República Dominicana
Distinguidas autoridades de las distintas islas del Caribe que hoy nos visitan
Señora Gobernadora Provincial, Yovanny Agustina Núñez Baltazar
Señor Raymundo Ortiz Díaz, alcalde Municipal de San Pedro de Macorís
Señores legisladores y demás autoridades aquí presentes
Señores miembros del Comité de Apoyo para la Construcción del Monumento a los Cocolos en San Pedro de Macorís
Distinguido público presente en esta inauguración
Lo que está ocurriendo en esta prodigiosa tarde tiene su origen en dos fechas muy cercanas: la primera es el año 1882 cuando el poblado de San Pedro de Macorís fue declarado como Distrito Marítimo; y, la segunda, un año después, es el año 1893, cuando comenzaron a llegar los inmigrantes de distintas islas del Caribe a esta ciudad.
Durante las dos últimas décadas del siglo 19 se produjo un florecimiento de la industria azucarera moderna que convirtió a San Pedro de Macorís en un verdadero crisol étnico. Fue una situación que se extendió incluso durante los primeros treinta años del siglo 20. Los dominicanos recibimos en San Pedro de Macorís inmigrantes del Oriente medio, de España, de Cuba, Puerto Rico, Haití y de unas veinticinco islas antillanas cuyos hablantes traían las lenguas inglesa, francesa, danesa y holandesa. Incluso hubo casos aislados de inmigrantes de otros puntos como lo fue el doctor Carl Theodor Georg, conocido como míster George, quien vino desde Alemania.
Con tantas lenguas distintas, durante muchas décadas, la ciudad de San Pedro de Macorís parecía una Babel en el Caribe. Es importante resaltar que de todos los grupos de inmigrantes que llegaron, el mayor número vino de las Antillas ubicadas en el barlovento y el sotavento del arco antillano a quienes aquí en esta ciudad le dimos el nombre de cocolos.
Un hecho que debemos destacar es que en ese momento hubo una convivencia llevadera entre tanta gente que llegaba desde distintos puntos del globo terráqueo. Claro, no todo era gloria; había conflictos, pero la forma afable en que convivían los inmigrantes en San Pedro de Macorís, en mi caso particular, me marcó para siempre. Por esa razón tienen ante ustedes a un descendiente de árabes hablando en un evento dedicado a los cocolos.
Lo que a mí me marcó fue la forma amigable en que vi a mi padre, el doctor Carlos Musa, tratando a los cocolos y a los demás inmigrantes; el mismo trato lo vi en doctor George. La afabilidad era tal que todavía hoy le digo a la gente que yo, además de dominicano, además de ser de origen árabe, también soy cocolo. Por eso me integré con mucho esmero al Comité de Apoyo a la Construcción del Monumento a los Cocolos que preside el escritor Avelino Stanley.
Este Monumento a los Cocolos que se integra al paisaje urbanístico de la ciudad de San Pedro de Macorís es un justo y oportuno reconocimiento a los aportes que hicieron a esta ciudad y al país los hermanos caribeños y antillanos de las islas que antes fueron colonias de las potencias europeas.
Hoy, cuando vientos armamentistas amenazan la paz de la humanidad, ojalá que la instauración de este monumento sea tomada en el resto del mundo como punto de partida del trato de tolerancia que se le debe dar a los migrantes.
Gracias, pues, a nuestros visitantes extranjeros, a los dominicanos presentes y al señor Roberto Álvarez, ministro de Relaciones Exteriores, por la iniciativa de este monumento a los cocolos que, de seguro, nos acerca más a ese Caribe del que somos parte. Y sean bienvenidos a esta ciudad.



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