Jason Collins reveló en noviembre que le habían diagnosticado un glioblastoma en etapa 4, una de las formas más letales de cáncer cerebral.
El invierno pasado viajó a Singapur para someterse a tratamientos experimentales que aún no estaban autorizados en los Estados Unidos.
Dichos tratamientos resultaron lo suficientemente efectivos como para permitirle regresar a casa, asistir a los eventos del All-Star Weekend en Los Ángeles y presenciar un partido en su alma máter, la Universidad de Stanford.
Ntelemicro




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